16 de julio de 2009

AMARSE UNO MISMO



Cuando me amé de verdad, comprendí que en cualquier
circunstancia, yo estaba en el lugar correcto, en la hora correcta, y en el momento exacto. Y, entonces, pude relajarme. Hoy sé que eso tiene nombre... Auto-estima.

Cuando me amé de verdad, pude percibir que mi angustia y mi
sufrimiento emocional, no es sino una señal de que voy contra mis propias verdades. Hoy sé que eso es... Autenticidad.

Cuando me amé de verdad, dejé de desear que mi vida fuera
diferente y comencé a ver que todo lo que acontece, contribuye a mi
crecimiento. Hoy sé que eso se llama... Madurez.

Cuando me amé de verdad, comencé a percibir que es ofensivo
tratar de forzar alguna situación o persona, sólo para realizar aquello que deseo, aún sabiendo que no es el momento o la persona no está preparada... inclusive yo mismo. Hoy sé que el nombre de eso es...Respeto.

Cuando me amé de verdad, comencé a librarme de todo lo que no
fuese saludable... personas, situaciones, adicciones y cualquier cosa que me empujara hacia abajo. De inicio, mi razón llamó esa actitud egoísmo. Hoy sé que se llama... Amor propio.

Cuando me amé de verdad, dejé de temer tener tiempo libre y desistí de hacer grandes planes y abandoné los megaproyectos de futuro. Hoy hago lo que encuentro correcto, lo que me gusta, cuando quiero y a mi propio ritmo. Hoy sé, que es es...Simplicidad.

Cuando me amé de verdad, desistí de querer tener siempre la razón
y, con eso, erré muchas menos veces. Hoy descubrí la...Humildad.

Cuando me amé de verdad, desistí de quedar reviviendo el pasado y de preocuparme por el futuro. Ahora, me mantengo en el presente, que es donde la vida acontece. Hoy vivo los días de uno en uno. Y eso se llama...plenitud.


Cuando me amé de verdad, percibí que mi mente puede
atormentarme y decepcionarme. pero, cuando la coloco al servicio de mí corazón, ella tiene una gran y valiosa aliada. Todo eso es...SABER VIVIR! No debemos tener miedo de enfrentarnos a nosotros mismos. Hasta los planetas chocan y del caos nacen las estrellas.




Amarse uno mismo por Ana Martín Blovenstein

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